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Venecia

Día 15

Ya con nuestros boletos a Madrid para el día siguiente, necesitábamos un lugar para pasar la noche. Un hostal fue la solución, barato pero a una hora y media del aeropuerto.

Milagrosamente alcanzó la tarjeta para nuestro hospedaje, lo demás ya no tenía mucha importancia. A las 3 de la tarde nos preparabamos para dormir, ya no podíamos más.

Venecia, un destino que no contemplabamos nos arrullaría esa tarde.
-Hey, despierta, tengo hambre, voy a ir a comer algo.- Me dijo
Me asusté un poco porque yo seguía profundamente dormida y le dije “Pero no vayas sola, vámonos, te acompaño”.-Sólo tengo 10 euros, a ver para qué nos alcanza.-

A mí no me importaba quedarme sin comer con tal de que ella llenara su pancita y estuviera mejor. Afortunadamente nos alcanzó para una pizza pequeña. Comí una rebanada y cuando ella terminó su primera , le pregunté si iba a estar satisfecha con su mitad, si no para dejarle mi segunda rebanada, pero me dijo que sí, así que ambas comimos y quedamos satisfechas.

Venecia, fue como un bálsamo al alma después de aquél día tal difícil. Pudimos observar uno de los atardeceres más bellos que recuerde detrás de las idílicas góndolas, sentimos el aire fresco de sus calles de agua, comimos un sabrosogelatto di frutti di bosco y escuchamos la hermosa melodía de un violin en la Plaza de San Marcos.

Lloramos, felices.

Fin del día

No nos hicieron ningun reembolso por el vuelo perdido y tampoco nos alcanzaba para comprar 2 boletos nuevos de 130 euros cada uno. No sabíamos si encontraríamos algún lugar barato para pasar la noche y nuestros cuerpos no respondían más. No habíamos dormido ni comido en 40 horas.

Traté de ser fuerte para ella pero yo también tenía miedo y estaba desolada. De repente tuve unas ganas tremendas de que alguien me consolara y nos dijera que todo estaría bien, tal vez mi papá, o mi mamá, quería ir a casa. Quería dormir en mi cama y despertar despreocupada. Quería comer el guiso que ella acostumbra hacerme antes de ir a trabajar, quería un baño de agua caliente y su olor a frutas. Quería su sonrisa, quería verla dormir mucho antes que acabara una película, quería respirar el mar, quería verla comer palomitas, quería verla emocionada manejar mi bici, que ya es suya también, quería adivinar las figuras de las nubes que pasan rápido, quería reirme fuerte y tomarme un café Pandora.

De pronto recordé que llevaba mi tarjeta de nómina. La había cargado todo el viaje por si ocurría algo como esto. ¿Me alcanzaría?

Cuando pasó la tarjeta por la maquinita para cerrar la operación, rogué mil veces para que alcanzara. Gasté toda una quincena de trabajo, pero pasó y entonces pudimos respirar.

Un día difícil

Día 13

Después de casi 4 horas de espera el tren finalmente llegó.
Para nuestra desgracia venía repleto y la única cabina desocupada tenía al menos 20 latas de cerveza vacías y tiradas en el piso y por supuesto un penetrante olor a cebada y charcos marrones en el piso. Nos quedamos ahí, no teníamos otra opción.

Por cierto, desde la estación nos acompañaba un chico serbio que se rió con nosotros por el incidente del borrachito y nos platicaba lo arrepentido que estaba de no haber tomado su coche. Al menos no estábamos tan solas, pero la realidad es que la mitad de lo que dije o de lo que él dijo no lo recuerdo y no precisamente porque yo haya sido la que se tomó las 20 latas del piso, sino porque estaba en exceso cansada.

No pude dormir absolutamente NADA en el tren, ni siquiera 5 minutos. Se me iba la cabeza y mis ojos estaban irritados, pero estaba preocupada y además me dio por velar el sueño de mi hermana, casi pude disfrutarlo tanto como ella, me gusto observarla en paz mientras de vez en vez recorría los paisajes campestres de Eslovenia y después de Italia.

A las 10 am llegamos a Venecia. Tenía la esperanza que el vuelo se hubiera retrasado, pero no fue así, al llegar al aeropuerto nos informaron que lo habíamos perdido.

Frío, sueño, hambre

Creo que no entiendo muy bien por qué las cosas resultan así, pero hoy fue un día extremadamente largo, triste y falto de cariño.

A las 2:30 am salía nuestro tren y tal vez por el cansancio y preocupación no logré conciliar el sueño.

Me quedé tranquila porque tendríamos 5 horas de viaje para que yo pudiera dormir un poco. Llegaríamos a las 7 am a Venecia y tomaríamos el avión a Madrid a las 10 am y llegar a la 1 pm. Ya en Madrid podría bañarme y dormir en una cama cómoda y esperar el día siguiente para regresar a México. Ese era el plan, ah, pero nada resultó como lo esperábamos.

A las 2 am estábamos puntuales en la estación del tren. El frío nos calaba pero aguantabamos porque estabamos por irnos. Nos tomamos fotos, sólo para ver nuestras caras desveladas en una estación de Eslovenia, oscura, sola y fría.

A las 2:30 se escuchó “El tren Budapest-Venecia” tiene 120 minutos de retraso”. Volví a escuchar para ver si me estaba equivocando. Seguramente había dicho 20 y no 120, y tal vez no era nuestro tren, ¡era otro, seguro! Escuché el mismo mensaje 3 veces, pero a pesar de entender poco el inglés con acento húngaro, una y otra vez escuchaba “Venecia“.

Luego me dio por las matemáticas, 120 minutos eran 2 horas… No puede ser, ¡2 horas!

Así esperamos 2 horas en el frío, rogando al cielo porque el tren llegara a tiempo para tomar nuestro avión.

La abrazaba porque ella tenía frío, y al darle calor, ella me daba también a mí. Estábamos tranquilas, Dios nos cuidaba, lo sentíamos cerca.

Pasaron los minutos y observábamos a las demás personas que esperaban el mismo tren. Algunos dormían sobre sus maletas, las parejas afortunadas se abrazaban para cubrirse del frío y los que iban solos, titiritaban y sacaban vapor cálido cuando respiraban.

Había un hombre tal vez de unos 60 o 65 años, canoso, que dormía placidamente porque su mejor aliado en ese momento era el alcohol. Él era el único bendito entre todos: roncaba y parecía que no tenía frío. No llevaba maletas como todos nosotros, seguramente la estación era su hogar. ¡Ah, qué hermoso estar en tu hogar! No importa si es tan feo como esa estación de tren.

El señor, sin quererlo, nos hizo reir. Su ronquido era tan estruendoso que hacía eco en el pasillo, donde todos los invitados a su palacio nos encontrabamos.De pronto despertó, parecía no saber dónde estaba (me decepcionó, pensé que esa era su casa) y se tambaleaba como si el sueño no le hubiera ayudado para recuperar sobriedad.
A un lado se encontraba un joven viajero con maletas, igual que nosotros, que dormía.

El hombre lo observó y notó que tenía una cobija roja. No desaprovechó la oportunidad y con mucho cuidado ( con todo y sus copas de más) le quitaba poco a poco su cobertor que definitivamente era calientito.
¡Me volvió a decepcionar! ¡Pensé que además de estar en su hogar podía soportar el frío!

El muchacho se despertó repentinamente al sentir que le quitaban su preciado tesoro cobertor (“tesoro” porque nadie más tenía, y sin embargo, todos hubiéramos pagado 10 euros o más por uno) y echó al pobre borrachito.

Reíamos, y reíamos mucho.

Liubliana, Eslovenia

To be loved

Día 12

¿Sabían que Lujbljana o Liubliana significa “ser amado”? Eso nos lo dijeron en un castillito que está arriba de una colina y que ha pertenecido a Eslovenia desde hace 6 siglos sin invasiones turcas en las últimas décadas.
Hace poco Eslovenia se declaró un país independiente y tal parece que le sentó muy bien. Es pequeño pero todo está en su lugar. Para nuestra desgracia todo el día ha llovio y yo extraño casa cada día más.

Nuestro tren a Venecia sale a las 2:00 am, no he podido dormir por el temor de perderlo. Así que de 11 a 1 am he estado en mi cama cantandole al aire. Por cierto, no dije que compartimos cuarto con otras 10 personas y además no tenemos suficiente espacio para nada, ni para guardar nuestras cosas, más bien estamos casi unos encima de otros. Ahora sé lo singular que es ver dormir a hombres con sólo unos calzones puestos mientras uno se congela entre varias sábanas sobre un colchón que rechina sólo si respiras.

Esperando

Se cumplieron las 2 horas y volvimos a escuchar el pitido que pronto volverían a dar un anuncio por altavoz, se escuchó “El tren BudapestVenecia tiene 150 minutos de retraso”. Seguramente estan bromando, primero dijeron que 120, ahora que 150. ¿Es un tren fantasma o qué pasa? Ya estuvimos 2 horas en el frío, no hemos dormido, ni comido y debemos llegar a nuestro avión.

Inclinamos nuestros rostros, cerramos los ojos y le pedimos a Dios que nos ayudara, así como lo había hecho hasta ese momento de nuestro viaje.
Como un milagro, aunque sabíamos que perderíamos nuestro vuelo, seguíamos en paz.

Yo la seguía abrazando y esperaba que eso le diera un poco de calor y de confianza. Aún así, necesitabamos más calor, compramos un chocolate y lo partimos en dos. Nada nos quitaba el frío, ni tampoco la fe.

Se escuchó otro pitido “El tren Budapest Venecia tiene 180 minutos de retraso, gracias por su comprensión”.

Así que ya eran 3 horas. Bueno, definitivamente perderíamos el vuelo. Ni aunque corrieramos al aeropuerto lograríamos llegar.

Nada más queríamos un lugar cálido, las cabinas del tren tal vez, lo demás no importaba.

Viena, Austria

Día 10

De Austria sabía poco. Maximiliano, el pobre archiduque que quería ser rey de México era de Austria, las voces angelicales de los niños cantores son de Viena, y definitivamente en Austria no hay kanguros.
Pero…
A donde voltees hay edificios magníficos, esculturas bellísimas y palacios con enormes jardines. Los dos primeros lugares significativos que visitamos fue el Palacio Imperial adornado por recorridos en caleza y el Palacio de Schonbrunn, que definitivamente podría haber sido la inspiración del ballet del Lago de los Cisnes. Tiene una hermosa fuente con lirios acuáticos y una escultura de bronce en medio, está rodeada por una fila de arbolitos arqueados que simulan un puente natural.

Estaba yo en esa contemplación cuando me dieron ganas de hacer pipi, y lamentablemente como una naca tuve que esconderme detrás de unos arbustos porque el siguiente baño quedaba a kilómetros de distancia. Me dio pena porque sentí que mancillaba tan hermoso y casi inmaculado terreno.

Definitivamente prefiero a los austriacos que a los hungaros. Los primeros son amables, educados (casi todos hablan español e inglés) y bastante limpios, mientras que los segundos son todo lo contrario. Mi única experiencia negativa con los austriacos fue cuando estabamos en el Palacio de Beldevere (que significa “bellas vistas”) y un hombre chaparro y barrigón me preguntó si buscábamos el museo, y yo, para ser amable (era problema de él si pensaba otra cosa) contesté que no, que muchas gracias. -¿Quieres un café? Estás muy bonita, you have beautiful eyes.–No, thanks.–¿Ves?- me dijo mi hermana- te dije que no le contestaras.

Me quedé callada y sonreí porque ella sabía lo que pasaría y tal vez yo también, pero yo no dejaré de regalar sonrisas y saludos corteses sólo porque hay uno que otro con mente perversa.