Un paro al corazón

Día 10

Sucedió: Cuando llegamos al check-in en el hostel y debíamos presentar el pasaporte…no encontraba el mío. Pensé que era una mala broma de alguna brujilla o mamushka húngara.

-Tú lo tenías pequeña, te lo di porque precisamente no confío en mí.

–Pues no lo tengo, ¡no sé dónde lo dejé! ¡Ah, Dios, ayúdanos!

-No puede ser, ¿sabes qué significa eso? Te preguntarán en México por mí y dirás “dejé a mi hermanita un mes en lo que le tramitan su pasaporte porque lo perdí”.

–Tiene que estar, no se puede perder.-

Saqué todo mi tendedero de ropa frente a la señorita de la recepción, incluyendo chones, souvenirs, pasta y todo lo que una persona carga en su maleta, ¡hasta sueños!

Ella no entendía ni lo que hacía porque no hablaba ni español ni inglés. Me veía extraño, yo creo que pensó que pondría un puesto de ropa interior frente a su escritorio y la vendería a sus inquilinos.

Y luego, adivinen: un angelito húngaro me entregó mi pasaporte y me dijo en inglés con un acento tan marcado que parecía que hablaba húngaro, algo como…”it was there somewhere”.

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