A Budapest

Día 7

Nos levantamos muy temprano porque el tren salía a las 7am. Praga estaba despertando apenas y nosotros ya caminabamos por sus calles empedradas con maletas, y sobre todo con una que siempre se volteaba (supongo que no es una obra maestra de ingeniería), terminó lastimandome la espalda y yo terminé odiándola.

Mi hermana siempre me ofrecía ayuda pero prefería que ella no cargara. Además ella era la que nos guiababa. Yo nunca di una ni con las matemáticas ni con los mapas. Afortunadamente nuestro trabajo en equipo era bueno, yo cargaba, ella guiaba. Es como cuando papá está manejando, sabes que te llevará al lugar correcto y tú no tienes que hacer otra cosa más que cargar lo que llevas. Claro que en este caso me costó sudor, unos dedos casi estrangulados y una espalda chueca.

Cuando llegamos a la estación un buen samaritano vio mi condición tan precaria que cargó mi maleta hasta la parada del metro. Sí, seguramente era otro angelito checo.
Esperamos la llegada del tren con un café caliente y el gorgoreo de las palomas.

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